
A medida que los números empiezan a mostrar una fuerte caída de Javier Milei en las encuestas, el oficialismo libertario se desespera. Esta vez, el encargado de salir a embarrar la cancha fue Luis Majul, quien comenzó a instalar —sin pruebas y con tono alarmista— que podría haber fraude en las próximas elecciones en la provincia de Buenos Aires.
La jugada es clara: preparar el terreno para justificar una posible derrota, agitar fantasmas y desviar la atención del descontento social que se extiende incluso entre votantes que antes apoyaban al presidente. No hay ninguna denuncia formal, ningún dato concreto. Solo el clásico libreto del miedo cuando se sienten contra las cuerdas.
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