El mensaje del presidente Nayib Bukele prendió una alarma: “Los países que firman acuerdos terminan pagando con su soberanía”, señaló, planteando que en realidad Javier Milei no estaba en una alianza de igual a igual con Donald Trump, sino en un juego donde Estados Unidos solo acepta “peones con bandera propia”. La insinuación es directa: lo que se busca es control, no colaboración, y el rol de Argentina sería menos protagonista de lo que se imagina.
El viaje de Milei a Washington ya no es sólo un encuentro político —la advertencia de Bukele lo convierte en una jugada de ajedrez estratégica, con piezas y tablero propios de otro poder. ¿Y cuál es la apuesta real? ¿El territorio, los recursos, la soberanía? No lo dicen. Pero lo enfrenta al dilema: ¿ser soberano o firmar sin mirar?
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