Le preguntaron a Milei por Karina y la respuesta dejó a más de uno helado. No habló de gestión, no habló de resultados ni de política: habló de fe, de devoción y de una figura casi sagrada. “Es un ser…”, arrancó, y lo que siguió hizo que muchos se miraran incómodos. Mientras la Argentina se hunde en problemas concretos, el Presidente parece cada vez más cómodo en un relato mesiánico que roza lo sectario. Menos mística y más respuestas: el país no necesita profetas, necesita soluciones.
