En un extenso mensaje difundido en redes sociales, Cristina Fernández de Kirchner volvió a intervenir en el debate internacional con una reflexión que excede largamente la coyuntura política venezolana. Más allá de simpatías o rechazos hacia el gobierno de Nicolás Maduro, la ex presidenta puso el foco en un hecho que, según advirtió, marca un retroceso grave en materia de Derecho Internacional y soberanía de los Estados.
Cristina parte de una aclaración clave: se puede estar a favor, en contra o no sentir ninguna afinidad con el gobierno venezolano. Sin embargo —señala— eso no habilita a naturalizar lo ocurrido durante la madrugada del sábado, cuando una operación impulsada por la administración de Donald Trump terminó con el secuestro del presidente venezolano y su esposa en su propio país, en un operativo militar extranjero que además dejó víctimas fatales.
En su análisis, la ex mandataria establece un paralelismo histórico directo con la política del “Gran Garrote”, aplicada por Estados Unidos en América Latina durante el siglo XX. Aquella doctrina, amparada en el corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe, justificó intervenciones militares, golpes de Estado y dictaduras que, lejos de traer estabilidad, provocaron atraso económico, violencia política y un profundo rechazo regional hacia Washington.
Según Cristina, lo ocurrido en Venezuela no solo viola la Carta de las Naciones Unidas y principios elementales del Derecho Internacional, sino que también instala un precedente geopolítico extremadamente peligroso. Si una potencia puede intervenir militarmente, capturar autoridades electas y decidir el destino de otro país por la fuerza, el mensaje implícito es que ninguna soberanía está realmente a salvo.
Uno de los puntos más contundentes de su mensaje apunta a los verdaderos intereses detrás de la operación, bautizada por el gobierno estadounidense como “Operación Resolución Absoluta”. Para Cristina, el objetivo real no fue ni la defensa de la democracia ni la lucha contra el narcotráfico, sino el control de recursos estratégicos, en particular las mayores reservas de petróleo convencional del mundo, ubicadas en territorio venezolano.
El planteo no busca defender a un gobierno en particular, sino advertir sobre una lógica que —de consolidarse— podría habilitar intervenciones similares en cualquier país que no cuente con poder económico o militar suficiente para resistirlas. En ese sentido, el texto de Cristina funciona más como una alerta global que como una toma de posición partidaria.
En un escenario internacional cada vez más tensionado, el mensaje deja una pregunta abierta que incomoda a muchos: si este tipo de acciones se legitiman, ¿qué freno real queda frente al avance de las grandes potencias sobre los países más débiles?
