
Rolando Graña prendió el ventilador y dejó al descubierto una bomba que sacude al gobierno: los mismos funcionarios que señalaban al Banco Nación como un antro de privilegios hoy aparecen con préstamos millonarios otorgados por esa misma entidad. El discurso de la transparencia se les cayó en segundos y la indignación crece porque, una vez más, la casta parece ser siempre la misma. El pez por la boca muere: prometieron terminar con los privilegios y ahora quedan en el centro de un escándalo que podría tener consecuencias judiciales.
