Acá no hay pandemia que alcance para tapar la realidad. Cinco gendarmes muertos, uno ahorcado y otro que se voló la cabeza en Olivos, y la respuesta oficial es culpar a algo que pasó hace cinco años. Según el Ministro de Defensa, no es el salario miserable, no es el estrés, no es la presión permanente ni el abandono del Estado: es “la depresión post pandemia”. Una explicación cómoda, tardía y ofensiva para quienes hoy no llegan a fin de mes usando uniforme.
Mientras los funcionarios cobran sueldos de privilegio y viven en una burbuja, a los que ponen el cuerpo se les pide sacrificio eterno y silencio absoluto. Negar que los bajos sueldos y las condiciones laborales influyen es directamente tomarle el pelo a la sociedad. Cuando la única respuesta del poder es mirar al pasado para no hacerse cargo del presente, el problema no es la pandemia: es el gobierno que prefiere no ver lo que está pasando ahora.
