
En la planta de FATE nadie lo podía creer. Los trabajadores entraron como cualquier otro día… y se enteraron ahí mismo que la fábrica cerraba. Sin aviso, sin transición, sin nada. La bronca explotó y decidieron atrincherarse adentro. Afuera y también dentro de la planta ya hay presencia policial, mientras los dueños repiten que “contra China no se puede competir”. La escena es tensa, inesperada y cargada de angustia: familias enteras quedan en la calle de un momento a otro. Lo que está pasando ahora mismo en FATE no es solo un conflicto laboral, es una postal brutal del modelo que deja a cientos sin trabajo y responde con uniformes. Esto recién empieza.
