Un pedido concreto, una frase filosa y un mensaje directo al corazón del recinto. En medio del debate por el presupuesto, Myriam Bregman tomó la palabra y dejó flotando una incomodidad que nadie pudo disimular.
La diputada del Frente de Izquierda reclamó que el presupuesto se vote artículo por artículo, con un objetivo claro: “Para que el que vote por derogar el presupuesto universitario, de discapacidad y de las escuelas técnicas den la cara y no se escondan en trampitas de procedimiento”. Lejos de una discusión técnica, Bregman apuntó al trasfondo político de las maniobras parlamentarias que, bajo la excusa del reglamento, permiten avalar recortes sin asumir el costo público.
El planteo expuso una práctica habitual en el Congreso: votar paquetes cerrados que diluyen responsabilidades y esconden decisiones sensibles detrás de acuerdos generales. Según Bregman, desmenuzar el presupuesto obligaría a cada diputado a quedar registrado cuando se trata de ajustar áreas clave como la educación universitaria, la discapacidad o la formación técnica.
La intervención generó murmullos y gestos incómodos en el recinto. No por el contenido, sino porque el pedido tocó un nervio sensible: el de tener que explicar, con nombre y apellido, quiénes acompañan recortes que impactan de lleno en sectores ya golpeados.
Más allá del resultado legislativo, la frase quedó resonando. Votar artículo por artículo no cambia solo una forma de procedimiento: cambia quién se hace cargo de las consecuencias. Y eso, en tiempos de ajuste, parece ser lo que más molesta.
