
Primero te dicen que viajar era una fantasía. Ahora te explican que salir a comer de lunes a lunes “no era normal”. Mariana Brey lo dijo sin ruborizarse y remató con algo todavía peor: que pasarla mal es parte del “proceso” para llegar a una supuesta normalidad. El libreto es viejo, pero no deja de indignar: hacerte creer que vivir mejor era un exceso y que el ajuste es una virtud moral. No es un proceso, es una decisión política. Y la normalidad que venden siempre tiene el mismo detalle: el sacrificio lo hacen otros.
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