
La saga que comenzó con El marginal y que hoy continúa su universo en En el barro no es solo una de las ficciones más exitosas y crudas de la televisión argentina. Con el paso del tiempo, quedó rodeada por una serie de pérdidas que, por cantidad y cercanía temporal, resultan difíciles de ignorar.
El golpe más fuerte fue la muerte de Claudio Rissi, el actor que convirtió a Mario Borges en uno de los personajes más icónicos de la televisión reciente.

Borges no era un villano más: era poder, manipulación, liderazgo carcelario, un animal político dentro del penal. Su muerte en la ficción marcó un antes y un después en la saga. Y cuando Rissi falleció en la vida real, la conmoción fue total. El rostro más emblemático del universo marginal ya no estaba.
Otro nombre clave es el de Jorge Lorenzo, quien interpretó al recordado Capece, un personaje fuerte dentro de la estructura carcelaria.

Capece tuvo un destino trágico en la ficción, acorde al tono brutal del relato. Tiempo después, Lorenzo también fallecería en la vida real, sumando otra coincidencia que los seguidores más atentos no tardaron en señalar.
La historia se repite con Mercedes Portillo, conocida como “Meche”, cuya participación en el universo narrativo dejó huella. Su personaje también tuvo un cierre marcado por la dureza del contexto carcelario. Su muerte posterior en la vida real volvió a instalar esa incómoda sensación de patrón que comenzaba a formarse alrededor de la saga.

En el plano del poder externo al penal apareció Daniel Fanego, quien interpretó a Garófalo, empresario vinculado a las redes de corrupción que orbitan la cárcel. Fanego fue uno de los actores más respetados de su generación, con una trayectoria monumental en teatro, cine y televisión. Su fallecimiento impactó profundamente en el ambiente cultural argentino. Aunque el destino de Garófalo en la ficción no tuvo la contundencia visual de otros personajes, su arco estuvo atravesado por el mismo clima oscuro que domina toda la saga.

Y luego está el caso que sacudió no solo a los seguidores de la serie sino al país entero: Alejandra Oliveras. Campeona mundial de boxeo, figura popular, carismática, símbolo de superación personal. Oliveras participó del universo narrativo en su nueva etapa. Su muerte generó una repercusión masiva, más allá del mundo actoral. No era solo una intérprete más: era una figura pública de altísimo perfil, una referente deportiva nacional cuya partida tuvo impacto transversal.

Cinco nombres. Cinco figuras vinculadas al mismo universo narrativo. En un lapso relativamente breve. ¿Cuántas sagas pueden decir lo mismo? En producciones extensas, incluso internacionales, es extremadamente inusual que en apenas dos años se acumulen tantas pérdidas asociadas a un mismo proyecto aún vigente.
Desde lo racional, las explicaciones existen. La edad de algunos actores, circunstancias personales, el paso del tiempo. No hay evidencia de nada más que coincidencia. Pero el periodismo no solo registra datos: también analiza patrones. Y cuando la ficción gira obsesivamente alrededor de la violencia, la traición y la muerte, y la realidad parece acompañar con pérdidas sucesivas, el imaginario colectivo inevitablemente reacciona.
No se trata de hablar de maldiciones con liviandad. Se trata de observar que una de las sagas más intensas de la televisión argentina quedó marcada por una seguidilla de despedidas que impactaron en su identidad emocional. Cada reemisión, cada nuevo episodio, cada expansión del universo ahora se mira con otra sensibilidad.
El mundo de la cárcel ficticia siempre fue oscuro. Lo que nadie imaginaba es que, fuera de cámara, el paso del tiempo también iba a dejar su propia marca. Y es ahí donde nace la pregunta que muchos espectadores formulan en voz baja: ¿es solo una coincidencia estadística… o estamos frente a una saga atravesada por una racha trágica difícil de ignorar?
