
¿Y si empezamos a ser felices de una buena vez?
En un país donde la palabra “felicidad” parece un lujo reservado a pocos, es hora de pensar en un horizonte distinto. La crisis no es natural: es el resultado de decisiones políticas. Y si las decisiones nos trajeron hasta acá, otras decisiones pueden sacarnos.
La felicidad colectiva —no ese simulacro individualista de “superación personal” que venden los influencers— se construye desde abajo, con derechos garantizados, con justicia social, con igualdad real. Y hay medidas concretas que podrían marcar ese rumbo. No se trata de promesas vacías ni de poesía sin piso. Se trata de propuestas realizables si hay voluntad política y un gobierno que se ponga del lado de quienes sostienen este país todos los días: los trabajadores.
1. Transporte público gratuito para trabajar y estudiar. Parece obvio, pero no lo es. ¿Por qué un trabajador debe pagar para ir a producir? ¿Por qué un pibe debe abonar su boleto para ir a estudiar? El transporte no puede ser un negocio para unos pocos: debe ser una herramienta pública que garantice el acceso al trabajo y al conocimiento. Todo pasaje laboral o estudiantil debería ser gratuito, como un derecho básico. Lo demás —viajes recreativos, turismo, traslados opcionales— puede tener tarifa. Pero lo esencial, no.
2. Vivienda digna y créditos accesibles. En un país con tierra fiscal ociosa, la crisis habitacional no tiene justificación. Es urgente un plan nacional de viviendas que recupere terrenos abandonados, compre tierras a precio justo, construya barrios con servicios e infraestructura, y garantice créditos accesibles a tasas reales, no usurarias. La vivienda es un derecho, y la Constitución lo dice con todas las letras. El Estado tiene la obligación de intervenir.
3. Recomposición salarial por decreto. El salario no puede seguir siendo variable de ajuste. Mientras las fortunas empresarias baten récords, los salarios reales retroceden a niveles de hace más de una década. Es necesario un aumento general por decreto, que recupere los valores reales de diciembre de 2015. No se trata de nostalgia, sino de justicia: volver a poner el sueldo en el centro, no la especulación.
4. Una justicia que no sea eterna ni impune. Hoy los jueces no rinden cuentas. Deciden sobre la vida de millones, pero nadie los elige ni los puede remover fácilmente. Se propone el recambio obligatorio de los jueces cada 4 años, mediante elección popular o mecanismos de control democrático. Si el pueblo vota a quienes legislan y ejecutan, también debe poder opinar sobre quienes juzgan. Justicia eterna es sinónimo de casta impune.
5. Empresas quebradas: gestión obrera. Cuando una empresa se funde, el modelo tradicional es el despido masivo y la especulación con los bienes. Pero hay otra salida: la recuperación por parte de sus trabajadores. Ya hay cientos de ejemplos exitosos en todo el país. Basta con garantizar un marco legal, créditos accesibles y acompañamiento técnico. La propuesta es simple: si el patrón la funde, que los trabajadores la levanten.
6. IVA cero a jubilados e impuesto fuerte a los ricos. Los jubilados no pueden seguir pagando el mismo IVA que un millonario. Todo jubilado o jubilada debería estar exento del IVA en medicamentos, alimentos y servicios esenciales. Y ese costo fiscal debe ser compensado con un aumento real y sostenido del impuesto a las grandes riquezas. Si no les gusta, pueden irse a otro país… pero también van a pagar impuestos allá.
Que no nos subestimen.—Este programa no es utópico. Es apenas un piso de dignidad. No busca conformar a los poderosos ni a los mercados: busca garantizar lo básico para la felicidad de los de abajo.
La propuesta fue redactada y compartida por Matías «El Profe» Tissera, docente de secundaria, delegado gremial y profesor de música en escuelas públicas. Desde su experiencia cotidiana en las aulas, en los pasillos escolares y en las luchas por la educación, plantea con firmeza: “Nadie puede ser feliz si su pueblo está de rodillas.”