El diputado libertario Jairo Guzmán protagonizó hoy un momento que ya está dando que hablar. En plena entrevista, el periodista le preguntó cuántos trabajadores tenía en su empresa, y Guzmán respondió con total naturalidad: “En este momento, ninguno”. Pero el verdadero papelón vino después, cuando le repreguntaron si eso significaba que había cerrado su negocio y despedido a su personal. Su respuesta dejó helado al estudio: “Y sí, qué querés que haga”.
El hombre que se llena la boca hablando de libertad, esfuerzo y Estado mínimo terminó reconociendo que se fundió y ahora vive del mismo Estado que dice combatir. Una escena que resume a la perfección la doble vara del discurso libertario: cuando la crisis les pega, el “Estado malo” pasa a ser su salvavidas.
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